D. Ricardo Rico Tormo nació en Valencia el año 1965. Fue alumno del colegio de las Escuelas Pías de Gandia. En 1983 comenzó sus estudios de escultura en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Valencia, obteniendo las especializaciones de talla en madera y la de moldeado y vaciado. Posteriormente se licenció en la Facultad de Bellas Artes de Valencia en la especialidad de escultura. En 1996 consiguió una beca Erasmus para continuar estudios en la “Accademia di Belle Arti di Venezia”. Su estancia en Italia se prolongó durante dos años.
Rico ha sido discípulo y trabajado en los talleres de, entre otros escultores, Antonio Sanjuán Villalba, Silvestre de Edeta y Esteve Edo y tiene pasos procesionales tallados en madera en diferentes poblaciones como Tavernes de la Valldigna, Manises, Puerto de Alcudia o Gandia, donde a parte de la imagen de María Magdalena Junto a la Cruz de Jesús también es autor de Nuestra Señora del Silencio, el Santísimo Cristo Yacente en la Crucifixión o el Cristo de la Columna.
En los años 2001 al 2004 se dedicó a la talla en piedra de seis esculturas para la Puerta de los Apóstoles de la Colegiata de Gandia.
Entre su producción, además de los pasos para Semana Santa, cabría mencionar un Cristo Resucitado de Adzaneta, un San José de 350 cm labrado en piedra caliza en Valencia, la Virgen del Rosario de Palmera, una Piedad en bronce para un panteón de Beniarjó, la Beata Piedad de la Cruz de Alcantarilla o San Juan Pablo II de la Iglesia de San José, entre otras muchas obras.
Su obra sacra pretende ser contemporánea y renovadora, con la intención de fomentar la devoción para la que ha sido creada y al mismo tiempo ser atractiva en cualquier otro contexto. También cuenta con gran cantidad de obra no religiosa, repartida en colecciones privadas de Italia, Austria, Estados Unidos y Australia.
En el año 2004 Ricardo Rico empezó a esculpir la segunda imagen de la Hermandad: María Magdalena junto a la Cruz de Jesús.
La imagen de María Magdalena es de talla en madera de pino de Suecia, de 180 centímetros de altura. Su acabado polícromo es encerado con cera natural de abeja, a madera vista, dejando la huella de la gubia en las telas, en contraste con el pulido de las carnes para mayor diferenciación textural entre las unas y las otras. Contribuye a esta diferenciación la aplicación de veladuras tonales de colores terrosos sobre las vestiduras y el cabello, mientras que la piel permanece del color natural de la madera.
Esta técnica intenta conseguir dos objetivos. Por una parte, dotar de mayor carácter escultórico a la imagen al privarla de una policromía cuyo fin procura otorgar un fingido realismo que en nuestra obra no se pretendía, y de otra, evitar ocultar la belleza natural de un material tan hermoso y noble como es la madera utilizada.
Magdalena apoya su espalda sobre la cruz de Cristo, de la cual pende la sábana empleada para su desenclavamiento. La disposición del sudario se compone de tal forma que contribuye a enmarcar, de manera simétrica, a la figura de la Santa.
La verticalidad compositiva de la pieza, tanto en la disposición del cuerpo, como en la caída de los pliegues de la túnica, redunda y enfatiza la misma verticalidad del madero de la cruz.
Los hombros al descubierto permiten apreciar una preciosa anatomía de las clavículas e inicio del pecho, evocando así la iconografía tradicional de la Magdalena penitente.
Su brazo derecho se retira hacia atrás, abrazando la cruz, mientras que el izquierdo sujeta el sudario por la parte anterior de la figura.
Simbólicamente, la mano derecha es la que representa la misericordia de Dios, y según la tradición cristiana es la que se emplea para bendecir. Así mismo es con la que interactuamos con otras personas pues es la que se ofrece y con la que se recibe el saludo. Es por esto que dicha mano derecha toma la cruz en referencia a lo que ésta representa como emblema para los cristianos y con ello se pretende simbolizar el amor divino.
La mano izquierda es la que recoge la sábana en la que apenas unos instantes antes se ha envuelto el cuerpo sin vida de Jesús, gesto que estaría haciendo referencia al más puro y sincero amor.
El rostro presenta un aspecto completamente sereno, no reflejando tristeza alguna. Su mirada se dirige hacia el horizonte porque de alguna manera Magdalena es consciente que el sacrificio de Cristo no ha sido en vano e intenta traslucir un ánimo de convencimiento de que el mensaje del Maestro, desde el mismo momento de su muerte, se prolongará en el tiempo.
Para la resolución formal de la figura, se realizaron diversos dibujos preparatorios hasta la plasmación clara de la idea. A continuación se modeló un pequeño boceto que serviría para resolver tridimensionalmente cada uno de los puntos de vista de la imagen y, una vez concluido, presentarlo a la comisión encargada al efecto por la Hermandad para que diese su visto bueno definitivo.
Posteriormente se llevó a cabo el modelado de un modelo a escala, de mayor tamaño, que serviría para la copia de la talla en madera definitiva.
