Antiguamente se practicaba una forma de abstinencia y ayuno mucho más estricta que la actual durante el tiempo de Cuaresma y especialmente en los días previos a la Semana Santa.
Además de la prohibición de comer carne, que se respetaba rigurosamente los viernes, muchas familias seguían una tradición de ayuno severo desde el viernes hasta el sábado al mediodía. Durante ese periodo se evitaban comidas abundantes y, en algunos casos, solo se tomaban alimentos muy sencillos o incluso nada sólido durante varias horas. Este sacrificio tenía un fuerte sentido religioso: recordar la pasión y muerte de Cristo y practicar la penitencia.
El ayuno se vivía también como una costumbre social y familiar. Las mesas de los viernes solían estar compuestas por platos humildes, como pescado, verduras, legumbres o preparaciones sencillas, sustituyendo completamente la carne. Para muchas personas mayores de Gandia, estos hábitos formaban parte de una educación religiosa muy marcada, transmitida de generación en generación.
Con el paso del tiempo y los cambios en las prácticas religiosas, estas formas de abstinencia extrema fueron desapareciendo o suavizándose. Hoy en día, la Iglesia solo mantiene como obligatorios algunos gestos de ayuno y abstinencia en fechas concretas, pero el recuerdo de aquellas prácticas más estrictas sigue formando parte de la memoria cultural y religiosa de Gandia y de los pueblos de La Safor.