La salpassa

La salpassa es la bendición de las casas que tradicionalmente se realiza el Miércoles Santo, después de la misa, siguiendo el rito aprobado para cuando la bendición se celebra fuera del tiempo pascual.

Para ello, el párroco se reviste con el roquete y sale acompañado por el sacristán y los acólitos, también revestidos. Ellos llevan el acetre y el aspersorio, un plato con sal bendita para dejar una cucharada en cada casa, además de cestas donde se recogen los huevos que los vecinos ofrecen como muestra de agradecimiento por la bendición. También se lleva una pequeña bolsa para recoger, si se da el caso, alguna limosna en dinero.

Antiguamente era costumbre rezar la oración una sola vez, en plural, a la puerta de la iglesia, y después recorrer las calles asperjando las casas (en otros tiempos incluso se hacía con sal). En la actualidad, según indica el Ritual, la oración debería rezarse en cada casa. Tras la oración se realiza la aspersión, y el sacristán o el acólito recoge la sal sin bendecir de los vecinos para sustituirla por sal bendita. No está permitido esparcir la sal sin más; antes se debe explicar a los fieles que la sal bendita es un sacramental con numerosas aplicaciones, por lo que conviene que la conserven y la utilicen con devoción.

Al finalizar la salpassa, se acostumbra a dar una gratificación de diez céntimos a cada uno de los niños que han participado en el animado cortejo. Al sacristán se le suele obsequiar con una docena de huevos, y los acólitos también reciben algún pequeño regalo.