Cubrir las imágenes

Antiguamente, en muchas parroquias de la comarca de la Safor y especialmente en Gandia, existía la costumbre de cubrir las imágenes de los santos y los retablos de las iglesias con telas o mantos de color morado durante el tiempo de Cuaresma. Este gesto simbólico marcaba el inicio de un período de recogimiento, penitencia y preparación espiritual antes de la Semana Santa.

El color morado, asociado a la penitencia y al luto litúrgico, recordaba a los fieles la necesidad de la reflexión interior y el sacrificio. Al cubrir las imágenes, los templos adquirían un ambiente más sobrio y austero, invitando al silencio y a la oración. En algunas iglesias también se velaban los crucifijos y otros elementos del altar mayor, que permanecían ocultos hasta los días centrales de la Semana Santa.

El Misal Romano contempla la posibilidad de mantener la tradición de cubrir las cruces y las imágenes a partir del quinto domingo de Cuaresma. En tiempos pasados, esta práctica era obligatoria; hoy en día es opcional, aunque se conserva en ciertos lugares por su valor simbólico y catequético.

Cuando esta norma era de cumplimiento general, se permitía que las imágenes permanecieran visibles durante las procesiones. Asimismo, el Jueves y Viernes Santo podía exponerse en la iglesia la imagen de la Virgen Dolorosa sosteniendo a su Hijo muerto, y el Viernes de Dolores podía permanecer sin cubrir en el altar.

Habitualmente, las imágenes se cubren con telas de color morado o rojo (según las Normas sobre la Semana Santa de la Congregación para el Culto Divino, n. 57). Antiguamente, el velo del crucifijo del altar mayor se sustituía por uno blanco durante las celebraciones del Jueves Santo.

El crucifijo destinado a la adoración del Viernes Santo se descubre al inicio del rito, mientras se entona “Mirad el árbol de la cruz…”, si se opta por esa forma. En caso de realizar la entrada procesional con la cruz, esta se descubre previamente. Los demás crucifijos cubiertos se descubren al finalizar la Celebración de la Pasión del Señor, conforme indica el Misal Romano.

En cuanto a las demás imágenes, el Misal establece que permanezcan cubiertas hasta el comienzo de la Vigilia Pascual. En muchos lugares, sin embargo, es tradición descubrirlas durante el canto del Gloria.
  
En pueblos de la Safor como Oliva, Tavernes de la Valldigna o Bellreguard, esta práctica formaba parte del ambiente cuaresmal que acompañaba a otras tradiciones religiosas, como los vía crucis, los sermones de penitencia o las primeras preparaciones de las cofradías para las procesiones. Los vecinos recordaban cómo, al entrar en la iglesia y ver las imágenes cubiertas, sentían que se acercaban días solemnes y especiales.

En la actualidad, esta costumbre se ha perdido en gran parte de las parroquias de la comarca, o se mantiene solo de forma puntual en algunos templos. Sin embargo, forma parte de la memoria religiosa y cultural de la Safor, y muchos mayores todavía recuerdan cómo, al llegar la Cuaresma, las iglesias de Gandia cambiaban de aspecto al cubrirse las imágenes con los tradicionales mantos morados.