Cubrir las imágenes

Antiguamente, en muchas parroquias de la comarca de la Safor y especialmente en Gandia, existía la costumbre de cubrir las imágenes de los santos y los retablos de las iglesias con telas o mantos de color morado durante el tiempo de Cuaresma. Este gesto simbólico marcaba el inicio de un período de recogimiento, penitencia y preparación espiritual antes de la Semana Santa.

El color morado, asociado a la penitencia y al luto litúrgico, recordaba a los fieles la necesidad de la reflexión interior y el sacrificio. Al cubrir las imágenes, los templos adquirían un ambiente más sobrio y austero, invitando al silencio y a la oración. En algunas iglesias también se velaban los crucifijos y otros elementos del altar mayor, que permanecían ocultos hasta los días centrales de la Semana Santa.

En pueblos de la Safor como Oliva, Tavernes de la Valldigna o Bellreguard, esta práctica formaba parte del ambiente cuaresmal que acompañaba a otras tradiciones religiosas, como los vía crucis, los sermones de penitencia o las primeras preparaciones de las cofradías para las procesiones. Los vecinos recordaban cómo, al entrar en la iglesia y ver las imágenes cubiertas, sentían que se acercaban días solemnes y especiales.

En la actualidad, esta costumbre se ha perdido en gran parte de las parroquias de la comarca, o se mantiene solo de forma puntual en algunos templos. Sin embargo, forma parte de la memoria religiosa y cultural de la Safor, y muchos mayores todavía recuerdan cómo, al llegar la Cuaresma, las iglesias de Gandia cambiaban de aspecto al cubrirse las imágenes con los tradicionales mantos morados.