En Gandia y en muchos pueblos de La Safor, antiguamente existían diversas prohibiciones sociales durante la Semana Santa, especialmente en los días más solemnes como el Viernes Santo y el Sábado Santo.
Durante estas jornadas se evitaban actividades consideradas festivas o ruidosas. No era bien visto escuchar música alegre, organizar bailes ni celebrar fiestas. En muchas casas se mantenía un ambiente de silencio y recogimiento, en señal de respeto por la pasión y muerte de Cristo. Incluso algunos comercios cerraban o reducían su actividad, y las calles adquirían un ambiente más tranquilo y solemne.
También era habitual que los trabajos más duros o las tareas consideradas innecesarias se suspendieran. Muchas personas dedicaban el tiempo a asistir a los oficios religiosos, a las procesiones o a permanecer en casa en actitud de oración. En algunos hogares se apagaba la radio o se evitaban diversiones como los juegos de cartas durante las horas principales del Viernes Santo.
Estas normas no siempre estaban escritas, pero formaban parte de la tradición y de la presión social de la época. Con el paso del tiempo, y especialmente desde finales del siglo XX, muchas de estas prohibiciones fueron desapareciendo. Hoy en día, aunque la Semana Santa de Gandia sigue teniendo una gran importancia religiosa y cultural, la vida cotidiana continúa con mayor normalidad, combinando tradición, turismo y celebraciones.