D. Antonio Sanjuán Villalba, escultor del trono-anda de la Santísima Cruz

Frente al ascetismo y desnudez de la imagen de la Santa Cruz, el trono-anda realizado en 1952, reestructurado y reformado parcialmente en 1960 por Antonio Sanjuán Villalba, se caracteriza por la gran profusión de elementos ornamentales en claro lenguaje neobarroco tales como como volutas, hojas de acanto, guirnaldas y rocallas, realizados en madera bañada en oro, confiriendo gran suntuosidad al anda.

La Hermandad de la Santísima Cruz hizo un primer pago de 32.105 pesetas en el año 1952 para afrontar la confección del trono Anda, abonando el resto de la cantidad, que ascendía a 7.792 pesetas, al escultor en el año 1953. Estos importes constan en el libro de cuentas con los ingresos y gastos de la Asociación, para el cual se pidió un préstamo a la Caja de Ahorros.

El escultor castellonense D. Antonio Sanjuán Villalba nació en 1902 y se afincó tempranamente en Valencia, donde aprendió y asumió el oficio de la gubia en algunos de los afamados talleres familiares de la capital, como el regentado por el imaginario Vicente Tea Cuesta. Allí compartió obra con Manuel Bañán, oficial en dicho taller. Ingresó en la valenciana Escuela de San Carlos y tuvo como maestro predilecto a Rafael Rubio, para establecer finalmente su taller propio en la calle de Ángel Guimerá, y compaginar la imaginería con la actividad docente en la citada escuela.

Estilísticamente manifiesta marcado influjo del barroquismo de raíz castellana, como reflejan sus rostros cristíferos y lacerados yacentes, herencia directa de la escuela vallisoletana. Entre su variada producción escultórica, destacar la imaginería de las cofradías gandienses como el Santísimo Cristo del Silencio, la Flagelación de Jesús atado a la columna, Nuestra Señora de los Dolores, el Santo Sepulcro, la Virgen de la Soledad, el Cristo Resucitado o el Cristo del Amparo.

En cada uno de los laterales se disponen cuatro medallones a modo de hornacinas, que son enmarcados con suntuosas volutas doradas a modo de trono o cátedra y donde se hallan las cuatro esculturas sedentes de bulto redondo de 50 x 30 cm, realizadas en madera policromada. Son cuatro figuras de una acertada factura artística de personajes que estuvieron junto a Jesús en los momentos más cruciales de su vida y su muerte en la cruz.

De acertada carnación y naturalidad en los rostros, aparecen tristes y abatidos pero sin llegar al dramatismo exacerbado de otros pasos procesionales. La elegante volumetría y plegado de los paños en sus vestiduras, así como sus decoraciones en las túnicas con esgrafiados en oro confieren a estas pequeñas esculturas un grado de monumentalidad relevante.