El oficio de la noche de Pascua comprende tres partes. En la primera se anuncia el mensaje de la Pascua: ¡Cristo ha resucitado!
El fuego inicial enciende el cirio Pascual que destaca el triunfo del resucitado sobre la obscuridad que intenta reinar en este mundo. El anuncio solemne se hace con el Pregón Pascual, en un ambiente de luz y alegría.
En la segunda parte, la Palabra invita a unir la historia de cada uno con la historia de la Salvación, desde la creación hasta la incorporación de los cristianos a la Iglesia, por la gracia de Cristo, muerto y resucitado, en el Bautismo.
Tras bendecir el agua, que hace presente el bautismo de los fieles, se renuevan las promesas que se hicieron en la recepción del sacramento, asumidos ahora de forma consciente.
La tercera parte se centra en la Misa Pascual, el sacrificio de Cristo, Cordero inocente inmolado para la salvación del mundo. La participación en la mesa de la Eucaristía, finalmente, permite el encuentro con aquel que nos amó primero.
Comienza así el tiempo Pascual, anticipo en la tierra de la plenitud del eterno Reino de Dios.
